jueves, 23 de agosto de 2007

... y encima nos cierran el Blues Bar


Se me ocurren pocas cosas peores que trabajar en agosto. Entre ellas, irse de vacaciones en agosto, soportando retrasos y cancelaciones, calores, hordas de turistas, ciclones y huracanes, terremotos, piscinas recalentadas con pis de niño o playas llenas de toallas colocadas como en el Tetris.

Me gustaría dedicar esta entrada a los currantes del verano, muy especialmente a los laguneros, con los que siento más empatía por razones obvias. Y es que alguien tendrá que poner en forma a los barrigones que quieren descamisarse en la playa (Hugo, otro agosto más pringando); limpiar los portales de los que se van de vacaciones (Alex, no limpies mucho, están fuera y no lo notarán); defender a los empresarios que en verano, más que nunca, tienen pleitos por despido (Tere, suerte que al menos libras los últimos días de este mes); recoger las semillitas de las plantas de flores estivales (Moi, no vale la pena, ya todo ha ardido) o contar para la agencia Efe cómo se lían a mamporros los diputados bolivianos (Abraham, dales MAS caña).

Para los que vivimos en La Laguna (sólo hay uno, por cierto, entre los arriba mencionados), agosto se hace más cuesta arriba si cabe por el cierre unilateral del Blues Bar (cierre temporal, eso sí, no se asusten... sólo por este mes). Unilateral e impresentable, ya que Nardo ha procedido sin consultas previas, sin buscar consenso de ningún tipo y sin siquiera tener en cuenta a sus clientes. Qué será de mi amigo Manchego, con un aroma que crea vacíos imposibles a su alrededor en un local siempre abarrotado; de la deseada Silke, piercing en boca y tatoo que comienza en la baja espalda y aún no sé dónde termina; del traboso solitario que se intentaba ligar a Maddalena; de Lola y sus amigas (la tímida, la hiperactiva y la que se lió con mi colega); del marroquí de apariencia francesa, con su vaso de vino y sus historias de pibes con medidas judiciales; del camarero guapo, del camarero gordito, del camarero rizoso, del camarero nuevo (Nardo, ponnos más camareras, o trae a las del Época); de la morena con gafas que siempre me quiere morder los pezones en público (más suave, por favor, un día me los arrancas); de la profesora de francés que suele hacer algún comentario sobre la procedencia (o improcedencia) de mi camisa (a ver si me dices tu nombre un día); de los exnovios de mis exnovias; de los amigos (amigas en realidad, no nos engañemos) de mi compañero de piso; de la rubia de La Palma; del ingeniero del astrofísico, con comentarios tan improcedentes cuando se emborracha; del hardcorito agresivo que me amenazó de muerte por no darle la cartera (mil gracias a todos los que me escoltaron hasta un lugar seguro, especialmente a Dani).

El exilio, sólo nos queda el exilio al O´Clock, al Chola o a La Jarrita. Los menos escrupulosos, a La Herradura, La Orchila e incluso El Granero. Ánimo, quedan ocho días escasos de agosto, y espero que Nardo abra el primero de septiembre.

NOTA: Todos estos personajes son de ficción. Si alguien se reconoce en alguno de ellos, que sepa que es víctima de su egocentrismo.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola wapo! Me alegro de tener noticias tuyas y de que te hayas animado con este "bloj"...y ya sabes: tenemos pendiente una fies por los madriles. Que aquí hay muchos bares y no todos están cerrados por derribo, como diría el maestro sabina. A ver cuándo te animas...1bso grande.

Álber dijo...

Me alegro también yo de leerte. Te tomo la palabra y espero poder darme un salto a la gran urbe, que en realidad no conozco casi nada (un par de días en un congreso, otro par de días con 12 años en casa de unos amigos... y poco más). A ver si me libras de los prejuicios hacia la capital que he adquirido durante mi estancia en Barcelona. Beso