No voy a presentarles una novedad, ni nada en exclusiva... Tosco se ha hecho muy popular en la red con sus 21 mentiras, y no le falta demasiado para conseguir el medio millón de reproducciones en Youtube. Lo vi en vivo el pasado viernes en el lagunero Café Teatro Siete y, casualmente, hoy me lo envía una amiga ¡que vive en Bilbao! Gracias Aran.
Como se dice por ahí, no están todas las que son pero sí son todas las que están. Después de una rápida lectura de la letra, creo que la única que no he utilizado nunca es la séptima, ya que sólo fumo en banquetes/bodas/comuniones y aún no me ha dado por dejar este esporádico vicio.
Para reírse un rato. Perdonen tanto tiempo de ausencia mis posibles lectores.
martes, 26 de febrero de 2008
Las 21 mentiras
miércoles, 12 de septiembre de 2007
Ocupen sus localidades
Ya sé que Sabina actuó hace 4 días y que es un poco tarde para hacer una crónica, pero ni yo cobro por escribir esto ni ustedes pagan por leerlo, así que menos exigencias.
El flaco de Jerez actuó con el Nano, Joan Manuel Serrat, como ya sabrán. Lo curioso era ver a gente de todas las edades (excepto la generación hardcorita, por suerte) disfrutando de la música de estos puretillas.
Parece ser que en Las Palmas los dos cantantes hicieron algún comentario cariñoso sobre Momo, el alcalde y ex presidente del Gobierno de Canarias. Algo imposible de repetir en Santa Cruz, donde lo más positivo que podrían haber dicho es que el alcalde aún no ha sido enviado a prisión por ninguno de los pufos en los que está involucrado. Por suerte para Zerolo, sus comentarios políticos se limitaron a darle un poquito de caña al PP.
Sabina está en plena forma; aún puede dar algunos saltitos sobre el escenario con sus pantalones de pitillo. No puedo decir lo mismo de Serrat, al que no entendía en algunos momentos por su escaso flujo de voz. Está cascado, y además rompía el ritmo del concierto con letras tan animadas como la de Esos locos bajitos: “Nada ni nadie puede impedir que sufran, que las agujas avancen en el reloj, que decidan por ellos, que se equivoquen, que crezcan y que un día nos digan adiós”. Qué sopor.
A lo que sí accedieron los cantantes fue a hacer el indio (o el pirata) enfundándose la camisa de nuestro ¿representativo? Al menos reconocieron que hacía dos días se habían puesto la camisa de la Unión Deportiva para contentar a los canariones... “Excepto una [la del Real Madrid], nos pondríamos cualquier camiseta, pues sabemos lo que conviene a nuestras carreras”.
Una señora del tipo de la vieja fumadora de Aquí no hay quien viva, de pie a mi lado durante la mitad concierto, se giró y le dijo a su marido que yo estaba rozándole el culo. Ante lo esperpéntico de la situación decidí moverme hacia atrás y buscar a unos amigos con los que había intentado quedar al principio del concierto. Me sucede con cierta frecuencia que las ancianas creen que las estoy acosando, sobre todo en mi trabajo. Otras veces se me insinúan, pero creo que estas cosas son normales a partir de una edad.
Después de casi tres horas de concierto subí en moto a La Laguna, ciudad donde resulta fácil, y más un sábado por la noche, saltarse todos los preceptos sabinianos (no me refiero al fundador del nacionalismo vasco, por favor) para vivir cien años. De hecho, creo que no me quedó ninguno por transgredir, pero eso será una historia para el siguiente post.